15.4.09

El bello oficio de pensar contra toda esperanza


Fotografía © josepachi/ www.flickr.com

En un municipio pobre de Benguela, provincia de Angola, un país ubicado al suroeste de África, la maestra de segundo grado de una escuelita pública desprovista de los medios más elementales para cumplir con eficiencia los objetivos de cualquier lección, no se achica y decide emular a Sócrates. Sin más recursos que su habilidad para hacer preguntas que inviten a pensar y su convicción de que los niños tienen mucho que decir, elige hacer una clase sobre los seres vivos. Es lo que anuncia, agregando la promesa de salir a visitar algunos lugares cercanos donde con seguridad se podrán encontrar algunos seres vivos. Los niños la escuchan con atención.


Pero antes de salir me gustaría saber si alguno de ustedes ha visto algún ser vivo hoy por la mañana, les preguntó. Yo, dijo una niñita. Aquí, en este arbolito, al lado de la puerta hay un pajarito… y esta vivo! ¿Están seguros que esta vivo? Pregunta la profesora. Si señorita, responde otro niño, porque está volando. ¿Y han visto otro ser vivo? vuelve a interrogarlos la profesora. Se produce un breve silencio. Señorita, señorita, dice un niño, acaba de entrar un mosquito… ¡Y esta vivo! ¿Ah sí? dice la maestra. Pero ¿Cómo saben que está vivo? repregunta. ¡Es que me acaba de picar señorita! Dice el pequeño. Los demás niños ríen a carcajadas.

Bien, dice la maestra, antes de salir quiero saber si han visto algún otro ser vivo aquí en esta aula. ¿Otros seres vivos? no señorita, le responden sus alumnos. ¿Cómo? Dice la profesora, entonces ¿Quiere decir que todos nosotros estamos muertos? ¡Noooooo! Responden en coro los niños. ¿Por qué están tan seguros de que no estamos muertos? continúa la profesora jugando con las preguntas. Y los niños empiezan a argumentar a favor de la tesis de que están vivos. La maestra anota en la pizarra todas sus intervenciones antes de salir a la visita prometida. El salón hierve en ideas.

Esta historia me la contó José Luis Encinas, un experto peruano destacado a Angola por la Unión Europea a asesorar los programas de formación docente de ese país africano, para ilustrar con un ejemplo sencillo cómo es que aún en las condiciones más adversas, donde todo parece imposible, donde no hay Lap Tops para cada niño y Finlandia queda más lejos que nunca, nada impide enseñar ni aprender a pensar. Claro está, hace falta un profesor o profesora convencidos de que educar, como ya decía Montaigne en el siglo XVI, no es llenar un vaso sino encender una antorcha, convencidos además de que la pobreza no vuelve subnormal a la gente y de que los niños también piensan.

Por supuesto, también hará falta una escuela cuya organización aliente y facilite esa manera reflexiva e indagativa de aprender, en vez de apurar al profesor para que avance su programación anual -no importa si a costa de los aprendizajes- o de confinarlo a las cuatro paredes de su aula o de alimentar prejuicios segregando a los que cree menos aptos en secciones y turnos de menor jerarquía. El currículo escolar es enfático en su demanda de formar en los alumnos el pensamiento crítico y divergente y aún la capacidad de razonar desde el código científico. Curiosamente, no es así como se suele formar a los maestros ni es para facilitar esa pedagogía que están diseñadas las escuelas. ¿No sería bueno empezar a alinear la formación y la organización escolar con la calidad de aprendizajes que necesitamos promover? Hasta pronto.

Publicado en Pluma y Oído
Coordinadora Nacional de Radio
Lima, viernes 17 de abril de 2009

5 comentarios:

ROSA dijo...

Hola Lucho,
Como siempre leer tu comentario me hace dar ganas de volver a las aulas. Sí pues, hacer preguntas simples e inteligentes, como las de esa maestra, es una de las formas más "económicas" de promover la imaginación, creatividad y en consecuencia el aprendizaje. Y hay maestras y maestros así en todas partes, aunque no tantos como quisiéramos.
Un abrazo,
Rosa

Daniel dijo...

Estimado Luis: excelente artículo, me encantó. Lo divulgaré si me permitís (citándote, claro está), sería bueno que muchos educadores lo conozcan y puedan aplicar lo mismo. Saludos. Daniel

Anónimo dijo...

Hola Lucho, otra vez un artículo polémico en tu blog, He discutido con 2 personas sobre el mismo y llegamos a temas como la contradicción entre "lo tecnológico" y "las prioridades aquí y ahora" cuando hay recursos escasos.
Asociando este artículo con algunos anteriores como que no estuviera clara la idea de en qué momento debe entrar lo tecnológico y hasta cuánto poder priorizar aspectos como los que mencionas en el artículo sobre niños africanos.
Como te das cuenta son los dos polos, y como vamos avanzando en ellos dos en Africa, en Perú, en el sector rural peruano?
abrazo
Mariella

Luis Guerrero Ortiz dijo...

Queridos amigos, sus comentarios siempre estimulan y me suscitan por lo pronto una reflexión sobre el lugar de las tecnologías de información y comunicación en el aprendizaje escolar. Sospecho que a los niños de las escuelas pobres de Benguela, tanto como a los que estudian en nuestras escuelas rurales en Perú, no les sobraría ni disgustaría para nada contar con aparatos de audio y video, computadoras y conección a la web, por mucho que tengan la suerta de contar con una maestra socrática como la del relato que compartí. Todo lo contrario. El asunto es otro: si aprender no implica pensar, usar la cabeza, razonar desde el propio criterio, hacer uso inteligente y creativo de la información disponible, para afrontar y resolver retos que cautiven a los niños, el uso de medios tecnológicos o de cualquier material educativo de calidad pueden terminar enmascarando la vieja educación dogmática y premoderna que todavía prevalece en la mayoría de nuestras escuelas. Es decir, ofrecer la sensación de algo que, en verdad, no ocurre. Acerca del uso banal, distorsionado y minimalista de los recursos pedagógicos más avanzandos se ha escrito mucho (tenemos harta experiencia de eso en el Perú) y siempre ocurre cuando desde la política educativa se cree, facilistamente, que la modernidad está en los medios, no en las personas. Pero si a una maestra como la profesora angoleña le entregas lap tops para sus niños y le enseñas a usarla para hacer lo que siempre hace con ellos en la clase, pero con numerosas ventajas adicionales, los resultados serían extraordinarios. Gracias por escribir.

Daniel dijo...

Estimado Luis: coincido con vos. Hace un tiempo aquí en Argentina se planteó esa idea de dotar a las escuelas y a los chicos/as de menores recursos (escuelas rurales, etc) de computadoras para todos, como si eso fuera a cambiar de cuajo la realidad educativa, como si el sólo hecho de tener acceso a internet modificara sus realidades. Pero si no se prepara primero a los/as maestros/as, si no se les enseña a los niños a sacarle el jugo y aplicar el uso de la tecnología de la mejor manera, creo que no sirve para nada...Sólo para que algunos políticos "cumplan" con la sociedad a la que dicen representar y laven sus culpas...Porque si esos niños/as siguen viviendo en los mismos círculos de marginalidad y pobreza, mal alimentados (por no decir desnutridos cuando van más que nada a la escuela por su copa de leche o plato de comida) y con sus necesidades básicas insatisfechas,sin el combustible necesario para que sus neuronas funcionen a full y puedan dedicarse a pensar, entonces lo anterior no es de mucha utilidad...Saludos. D