15.10.09

Escuela tomada



La antigua casa era habitada por dos hermanos solteros, consagrados por entero a sus tranquilas rutinas y al cuidado de esa enorme mansión. Pero un día creen sentir unos sonidos y murmullos extraños, viéndose obligados a abandonar sucesivamente diversas partes de la casa, presumiéndolas ocupadas por intrusos y atrincherándose en las zonas que suponían libres. Cuando los presuntos ruidos se fueron haciendo cada vez más audibles y próximos, los hermanos se fueron del todo, firmemente convencidos de que, ahora sí, habían sido invadidos por completo.

He aquí un brevísimo resumen de «Casa tomada», uno de los primeros cuentos de Julio Cortázar publicado en 1951. El relato no aporta evidencias de que el progresivo asalto de la casa fuese más que una mera especulación, pero sí deja en claro que las percepciones y suposiciones de la gente tienen el poder de crear realidades. Digamos que la gente tiende a dar a sus creencias, aún si los hechos las contradijeran, no el valor de una posibilidad sino el de una verdad objetiva.

Esto es exactamente lo que ocurre con la imagen dogmática y autoritaria de la escuela que los maestros han recibido como legado cultural, tanto en sus primeras experiencias escolares como en su educación superior. La escuela, por ejemplo, tiene la función de formar ciudadanos, pero si para usted eso significa formar conciencias críticas, autónomas y propositivas, un vistazo a cualquier centro educativo le confirmaría que allí se busca más bien someter y uniformizar los comportamientos. Y mantener, en lo posible, las bocas de todos bien cerradas.

La escuela tiene también la función de preparar para la vida productiva. Pero si eso representa hoy aprender a trabajar en equipo, a tener iniciativa, a actuar en función de objetivos y a aprender de los propios productores, la enseñanza escolar actual se mueve puntualmente en dirección opuesta. Es decir, se refuerza el individualismo, la dependencia, el sacrificar los objetivos en función de los plazos y el aprender desconectados de la vida productiva de la comunidad. Todo al revés.

Pero la escuela tiene, así mismo, la función de socializar a niños y jóvenes. Es posible que usted y yo estemos de acuerdo en que esto significa formar personas libres y pensantes, capaces de integrarse a una sociedad muy diversa sin perder su propia identidad. Lamentablemente, la socialización de los estudiantes sigue entendiéndose en las escuelas como control y homogenización. Por eso es que siguen reforzando sus muros: los que la separan de su comunidad inmediata y los que dividen a los muchachos unos de otros en función del grado y la edad. Mientras menos se mezclen, menos se contaminan y se controlan mejor.

Varias de estas creencias sobre el sentido de estas tres funciones esenciales, son coherentes con una visión de sociedad y país característica de la primera mitad del siglo XX, aunque otras hunden raíces todavía más atrás. Visiones anacrónicas que muchos maestros, directores y funcionarios consideran aún válidas y verdaderas, y que justifican y sostienen la rigidez de las escuelas, su verticalidad, su aislamiento de la vida. A esas mismas escuelas les pedimos ahora implementar un currículo reformado que es portador, más allá de sus inconsistencias, de una visión en muchos sentidos antagónica de la sociedad actual y sus desafíos. Es por eso que transitar hacia un desempeño docente que asegure aprendizajes más relevantes, además de leer, exige a la política educativa emprender una reforma cultural y estructural de las escuelas. Algo que aún no está en agenda.

Luis Guerrero Ortiz
Difundido por la Coordinadora Nacional de Radio
Publicado en su portal Web, sección Pluma y Oído
Lima, viernes 16 de octubre de 2009

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado
Al leer tu texto se me instala la constante tensión entre sistema educativo/sociedad, y transformación/reproducción. Tema complejo, multidimensional y con multiples variables. Vaya en que rollo nos hemos metido!!.
Al interior de mi ignorancia, reconozco por lo menos dos elementos para abordar estas tensiones: a) ético: los principios de esperanza, confianza en el ser humano y reciprocidad en la acción fundamentan el discernimiento; b) técnico - académico: los principios de excelencia, actualización, analisis y reflexión constante, y aplicación en contextos reales fundamentan mi acción.
Desde el desarrollo de estos elementos, me parece necesario definir una "toma de posición para la acción".
Desde la lectura profesional que he ido adquiriendo, y en consecuencia con los principios enunciados, comparto que una transformación en las prácticas (de docentes, de directivos, de actores y agencias intermedias) implica tanto un cambio en el uso de herramientas y estrategias, como un cambio de creencias (un cambio subjetivo diria Fullan para el cambio a gran escala, o los antecedentes de Borok y Putnam sobre la formación inicial docente). En definitiva, un cambio cultural, siendo una de las manifestaciones concretas de estas los cambios legales y de marcos normativos en la cual se mueven las instituciones y sistemas (entre estas, la educativa).
La toma de posición es entonces técnica-académica, como tambien política. Acción a tomar: ponerlo en la agenda (politics, en las arenas publicas y actores políticos), y desarrollar el analisis de alternativas (policy, en las arenas burocráticas y actores expertos)
Saludos
Simón Rodriguez

Luis Navarro dijo...

Estimado Luis:

Desde el silabario socio-constructivista (o constructivista, a secas, si se prefiere), esta columna señalaría un gran nota de preocupación porque está teñida de cierto desencanto y desesperanza. ¿Cómo interrogar estas creencias con miras a su transformación, si en la columna subyace un juicio severo que parece no hallar nada bueno donde empalmar o hacer anclaje?, ¿cómo encontrar en esas escuelas razones por las que vale la pena seguir creyendo y luchando si hay tal inmutabilidad de creencias?... en cambio, sin renunciar a la alarma, parece posible poner una nota de esperanza a la situación actual: si hay cambio posible en educación, es desde las mismas escuelas criticadas y desde esos maestros que se aferran a sus convicciones porque les confieren sentido y justificación a sus prácticas, especialmente cuando son criticados y vistos como los grandes responsables del fracaso educativo... La cuestión ausente en la agenda actual es justamente la subjetividad de esos maestros y directivos, primero para comprenderla y luego para dialogar desde y con ella. Y un punto de partida indispensable es reconocer que también hay luces en la escuela.

Luis Guerrero Ortiz dijo...

Concuerdo contigo Simón en que un cambio de las prácticas implica un cambio en las herramientas y estrategias, tanto como un cambio de creencias, es lo que he intentado enfatizar y explicar de manera muy sucinta en 500 palabras. El problema es cuando el "factor subjetivo" está ausente de la agenda, como bien señalas tu Luis, y la política docente reduce su objeto de intervención a cuestiones procedimentales o de teoría disciplinar, minimizando la necesidad de construir acuerdos con los maestros en el plano de los significados. Ahora bien, el artículo quiere recordar que detrás de una manera de actuar siempre hay premisas, que uno mismo no hace conciente siempre y necesariamente y de las que podemos volvernos prisioneros. Pero es absolutamente cierto que las antinomias de sentido que he intentado resumir alrededor de tres funciones básicas de la escuela, pueden cohabitar en nuestra misma cabeza, jalándonos a una u otra manera de hacer las cosas en distintas circunstancias. Es decir, la posibilidad del cambio o de la regresión está dentro de nosotros. Pero tenemos que abrir los ojos a estas tensiones y dilemas y ese es el reto que la política no visualiza o prefiere ignorar. Finalmente, estoy de acuerdo -como suele insistir Maturana- en que no hay cambio sin continuidad y que sí hay luces de esperanza en medio de los anacronismos por todos conocidos de la escuela. Pero las semillas del cambio pueden no llegar a brotar o a crecer ni a convertirse en un robusto bosque si no ayudamos a despejar su camino. Creo que en mi próximo artículo hablaré sobre esto. Muchas gracias a ambos por invertir parte de su valioso tiempo en escribir tan estimulantes comentarios. Mantengamos el diálogo!

Simón Rodriguez dijo...

Estimados
Primero, que interesante y constructivo dialogo.
Segundo, de lo leído, entiendo que es posible reconocer que uno de los focos para un cambio son los sentidos, significados y organización de términos, como por ejemplo, estudiantes, docencia, docente, aprendizaje, calidad aprendizaje, escuela. Entiendo también que subyacen a los sentidos y significados de estos términos “principios” como corresponsabilidad, confianza, credibilidad, reconocimiento. Y entiendo también que estos sentidos, significados y principios se presentan en los diversos actores que componen y conviven en las distintas dimensiones del sistema. El tema tiene cada vez mas capas!!.
Me surgen varios comentarios - preguntas, por ejemplo:
- Los sentidos, significados y principios, son “condiciones” para el cambio?, o son correlativos y complementarios a otras dimensiones (normativas, materiales)?, o son ambas?.
- Como se ha dado esta distinción entre “condiciones” y “estrategias” en la experiencia internacional?
- En nuestros países, y leyéndolo mas desde una posición de “condiciones”, Cual es la “atmosfera” de los sentidos y principios?, como se vive en la cotidianeidad?. Mi impresión es que se siente un predominio de desconfianzas, desresponsabilidades, y baja credibilidad entre los actores. Entiendo que aquí hay tanto ideologías, como experiencias históricas que sustentan cada posición.
- Desde esta lectura macro, como desarrollar estas “condiciones”?. Esto ya que entiendo que estas condiciones van más allá de mejorar la salud de relaciones asumiendo deudas históricas (de pagos no realizados, de reconocer que hay docentes que deberían salir, por ejemplo). Especificando un poco más la pregunta, Como generar sentidos, significados y principios que permitan la viabilidad de un cambio a gran escala? (y reconociendo que este cambio a gran escala implica movilizar voluntades, para desarrollar acciones en dimensiones materiales, técnicas como subjetivas).
Mi impresión es que, en términos de política educativa, la brújula está técnicamente descalibrada, y no se ha arreglado. Y también entiendo, quizás incluso con prejuicios al respecto, que se sabe y se ha informado lo que hay que calibrar, pero no se han realizado acciones ya que hacerlo implica, tanto de aquellos que han accedido principalmente por vía política como los por vía económica, compartir el poder. Para que entonces modificar las condiciones??.