25.2.09

El padrino va a la escuela


Fotografía © pdelguy/ www.flickr.com

Las cuatro niñas decidieron faltar a clases ese día. No era su primera vez, había experiencias previas que les hacían sentir cierta seguridad de no ser descubiertas. No eran del grupo de las «niñas malas», que se escapaban a veces para adentrarse en el mundo oculto detrás de los espejos. Eran tan sólo cuatro adolescentes principiantes que gustaban de vez en cuando disfrutar de algunas «frugales transgresiones», como diría Benedetti, en la aún borrosa certeza de que se crece «solamente en la osadía». No obstante, las pescaron y las cuatro fueron a parar a la dirección del colegio.

Los regaños y amenazas empezaron a proferirse contra ellas, aunque ninguno de esos gritos perturbaba la extraña serenidad de Estela. Ocurre que la niña era la hija de la presidenta de la Asociación de Padres de Familia del colegio y era una regla implícita, casi una tradición, bastante conocida por todos, que nadie se mete con los hijos de quien ocupe semejante cargo. En verdad, estas normas invisibles, muy respetadas por el personal, extendían la condición de intocables a los niños parientes del director, a los hijos de otros docentes del colegio, a los de la señora del kiosco, que les fiaba siempre sándwiches y refrescos con tanta generosidad; y hasta a los hijos del portero, a quien le debían todos continuos favores de muy diversa naturaleza.

Dicho y hecho. A los pocos minutos llegó el director, ordenó que se lleven de allí a las tres chicas asustadas y que procedan con la sanción respectiva. Sólo Estela se quedó con él a escuchar sus paternales exhortaciones. El director le rogó que no se deje llevar por la senda del mal por muchachas como esas, en especial por Roxana, de quien se sabía era una drogadicta que hasta había tenido un aborto. Estela, que conocía bastante bien a su amiga, no pudo ocultar su indignación ante esas calumnias y le reprochó con firmeza que le haga acusaciones tan graves sin tener pruebas. El director, quizás por evitar que la niña lo comente a su madre, le dijo que eso había escuchado pero que lo investigaría mejor y que por ahora podía irse nomás a su aula.

Nadie se casa si no tiene padrino, dice el refrán popular. Es decir, las normas que se supone rigen para todos, pueden pasarse por alto si acaso vienes respaldado por alguien con poder, poder para perjudicarme o para privarme de ciertos beneficios a los que no quiero renunciar. Significa que la legalidad, la justicia y la ética acaban allí donde comienzan mis intereses particulares. Como todos sabemos, este comportamiento se observa a diario en todos los ámbitos de la vida social y particularmente en la vida política. La noción de bien común que la educación nos aportó suele ser, digamos, algo tenue.

Lo grave, sin embargo, es que esto ocurra en las escuelas y que los propios educadores no tengamos pudor de fabricar padrinos y privilegios a vista y paciencia de todos. Porque todos los alumnos de ese colegio saben que el favoritismo, la discriminación y el prejuicio son las leyes que allí rigen, salvo excepciones, la conducta de los adultos responsables de su formación. Esta es sin duda la más retorcida y a la vez efectiva manera de formar en valores. Mientras tanto, la política educativa sigue diciéndonos que las matemáticas y la comprensión lectora son la clave para mejorar la educación. Hasta pronto.

Lima, 26 de Febrero de 2009

Publicado en Pluma y Oído
Coordinadora Nacional de Radio
Lima, 27 de febrero de 2009

19.2.09

La pandillera


Fotografía © astrodesal/ www.flickr.com

Silvana decidió ese día no ir a la escuela pues su padre regresaba de un largo viaje. La expectativa por el arribo del querido y extrañado personaje era tan alta entre los suyos, que hasta la madre estuvo de acuerdo en esta amorosa auto-exoneración. Papá llegó, en efecto, esa mañana y la modesta casa de esta sencilla familia se volvió una fiesta, un festival de abrazos y bienvenidas, intercalados de relatos, risas y recuerdos. Pero la niña fue vista esa mañana por una de sus maestras cuando se dirigía a una bodega próxima por algo de leche y pan, justo en el instante en que pasaba al lado de un grupo de muchachos algo mayores, conocidos en el barrio por su mala reputación. Uno de estos chicos, un antiguo vecino, le hizo un gesto de saludo que Silvana correspondió distraídamente levantando una mano.

Al día siguiente, de vuelta a la escuela, Silvana se daría la sorpresa del siglo. Para empezar, la maestra que la vio la mañana anterior ya había difundido la noticia en todo el colegio de que formaba parte de una pandilla, y que había faltado a clases para quedarse a vagar y fumar en plena calle con sus secuaces. Demás está decir que Silvana fue llamada a la dirección y amenazada de expulsión, su cuaderno de control llenado de anotaciones reprobatorias y sus compañeros advertidos de la mala influencia que podía representarles amigas como ella.

Vanos fueron los esfuerzos de Silvana por aclarar la situación pues nadie dio crédito a sus palabras y esa mañana, fue la peor de su vida. Enterada de todo, la madre de esta niña fue al colegio y reprochó amargamente a cada profesora la facilidad con la que emiten juicios sobre los estudiantes, sin tomarse la molestia de antes averiguar cuáles fueron los hechos y cómo ocurrieron. Quizás fue la firmeza de la señora lo que convenció a la directora y los demás docentes de su sinceridad, quizás fue más persuasiva su amenaza de presentar una denuncia por difamación a una menor de edad. Lo cierto es que ese día hubo una retractación general y Silvana fue objeto de una larga e inesperada sucesión de disculpas de parte de sus maestros.

Cuando escuché este relato por primera vez, me pregunté qué hubiese pasado con Silvana si su madre hubiese sido una mujer más insegura y temerosa con la autoridad del colegio, con menor instrucción y capacidad de argumentación o menos informada de sus derechos legales. ¿Y si no había madre en casa de esta niña, tan sólo tíos poco dispuestos o menos preparados para comprarse semejante pleito? De otro lado ¿De cuántas falsas atribuciones son víctimas a diario los niños en las escuelas? ¿Cuántas decisiones se toman contra ellos en base a las suposiciones, especulaciones y suspicacias de sus maestros?

Un reciente pronunciamiento público, suscrito por más de 100 destacadas personalidades vinculadas al mundo de la educación, afirma que «no existe una estrategia capaz de enfrentar de manera seria, sostenida e integral los continuos malos resultados en evaluaciones nacionales e internacionales». Suscribo esta tesis y opino que un aspecto medular de esa estrategia, que ahora no tenemos, pasa por quebrar la cultura institucional predominante en las escuelas, cargada de prejuicios contra los niños, maltratadora, fuente continua de desmotivación y desmoralización para los alumnos. Hasta pronto.


Publicado en Pluma y Oído
Coordinadora Nacional de Radio
Lima, 20 de febrero de 2009

12.2.09

Una mejor educación demanda cambios inmediatos en el gobierno y la sociedad

Pronunciamiento sobre la educación peruana


Fotografía © b3co/ www.flickr.com

Un destacado grupo de educadores peruanos hizo pública el sábado 14 una declaración acerca de la situación educativa del país. Por considerarla de gran interés, la reproducimos íntegramente a continuación (LG).


El pasado 6 de enero se cumplieron dos años de la oficialización del Proyecto Educativo Nacional por el Presidente Alan García. Su elevación a política de Estado fue muy bien recibida por la comunidad educativa, habida cuenta que el Proyecto Educativo Nacional constituye una propuesta integral que propone soluciones a los problemas centrales de la educación, orientándola como soporte indispensable para el desarrollo de la sociedad peruana de cara al 2021. Siendo así, señala caminos operativos para su cumplimiento en el largo plazo.

Cuando la actual administración culmina la mitad de su período de cinco años, el PEN no se aplica, tenemos una educación sin norte definido y no existe una estrategia capaz de enfrentar de manera seria, sostenida e integral los continuos malos resultados en evaluaciones nacionales e internacionales. En la última evaluación comparada de la UNESCO nuestro país destacó solo por ser el más desigual e inequitativo de la región al tener la mayor brecha entre aprendizajes de niños de medios rurales respecto al de los niños urbanos. Esta es una realidad que se arrastra año tras año sin visos de mejora.


Aún siendo innegable que el Ministerio de Educación ejecuta múltiples acciones, algunas de ellas importantes, explicitándose su asociación formal al marco del Proyecto Educativo Nacional, las buenas medidas atomizadas no consiguen generar los cambios integrales previstos en este Proyecto asumido como política de Estado.


Al mismo tiempo es manifiesta la falta de transparencia y la improvisación del sector educación en materias tan importantes como la evaluación y la formación continua de docentes, la implementación de la Carrera Pública Magisterial (CPM), la renovación del Diseño Curricular Nacional, la contratación de docentes, o en iniciativas como la municipalización de la educación y el programa alfabetizador. Deficiencias que lejos de corregirse se pretende negar y disimular, desinformando a la opinión pública, descalificando toda crítica, manipulando los escasos y esporádicos espacios de concertación y menospreciando el valor del consenso como fundamento de cualquier decisión de política que aspire a la sostenibilidad.


Los aumentos al sector educación no coinciden con el compromiso de elevar anual y sostenidamente el presupuesto correspondiente; además, según fuente del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), el año pasado sólo se gastó el 81.7% del presupuesto asignado, evidenciando problemas en la gestión de los recursos. La innecesaria política de enfrentamiento con los maestros, ha producido efectos negativos como desvirtuar las posibles bondades de la Ley de CPM, devaluar la evaluación docente con la aplicación de pruebas mal diseñadas y alejar la posibilidad de contar con los docentes como aliados y agentes de cambio en sus aulas y en cada escuela.


El año escolar 2009 se iniciará con un magisterio desmotivado y con agravantes como los siguientes:

  • Un tardío proceso de contratación de 40 mil docentes, determinado solo por una prueba escrita aplicada dos semanas antes del inicio de clases, significará repetir un escenario con muchos niños iniciando sus clases sin docentes a su cargo y un procedimiento que no permitirá seleccionar a los mejores.
  • Muchas Direcciones Regionales de Educación (DRE) y Unidades de Gestión Educativa Local (UGEL) siguen siendo foco de corrupción y de inoperancia en la gestión institucional y pedagógica.
  • La apresurada aplicación del nuevo Diseño Curricular Nacional (DCN), que provocará confusión en la distribución de horas y en el desarrollo de la actividad académica escolar.
  • Muchos miles de estudiantes asistirán a instituciones educativas con locales precarios, sin servicios elementales y desprovistos de elementos mínimos para la enseñanza y el aprendizaje.
  • Transcurrido año y medio del sismo en las provincias de Pisco, Chincha e Ica, decenas de miles de alumnos seguirán estudiando en módulos provisionales.
Un caso alarmante de maltrato al Ministerio de Educación –consentido por el ministro y la alta dirección- ha sido la venta del terreno y las instalaciones donde funcionaba su sede central sin tomar precauciones básicas para funcionar en otro local. En la actualidad el personal del Ministerio de Educación es ocupante precario de seis locales distintos, entre ellos el sótano del Museo de la Nación y espacios por ahora sobrantes de la Biblioteca Nacional. Este inaudito hecho grafica con claridad el lugar que ocupa la educación de la agenda política estatal.

En un momento en que el mundo vive la peor crisis en 70 años y que la mayoría de países está tomando decisiones difíciles pero pensando en el futuro, seguir con una educación sin liderazgo ni rumbo definido hacia una auténtica reforma es la peor opción para enfrentar los efectos de esa crisis. Al revés de Brasil, Chile y México el Estado peruano deja de lado la universidad pública, la educación superior y la investigación en ciencia y tecnología.


Es claro que esto no puede continuar. Urge producir un golpe de timón. De lo contrario se perderán los cinco años de esta administración.


La oficialización del Proyecto Educativo Nacional supone obligatoriamente una reforma integral y radical de nuestra educación. Ello solo será posible variando sustantivamente la organización y el accionar del Estado, en particular del sector Educación, otorgándose particular protagonismo a las regiones y dando prioritaria atención a la primera infancia. A la vez, el cambio solo será posible con una sociedad civil, particularmente padres de familia, y medios de comunicación dispuestos a demandar transparencia en la toma de decisiones y a asumir la educación como un derecho humano fundamental y bien público y no como si fuera propiedad del ministerio o del gobierno de turno.


Lima, 14 de febrero de 2009

Carlos Amat y León (DNI 08240435)
Patricia Ames (DNI 25706394) Rolando Ames (DNI 06256641) Juan Ansión (C de E 282009) Manuel Bello (DNI 07824017) Jorge Capella (DNI 07950335) José Luis Carbajo (DNI 06823096 ) Marta Castillo Q. (DNI 16487516) Susana Córdova (DNI 06567587 ) Ricardo Cuenca (DNI 09378923) Alejandro Cussianovich (008800070) Sigfredo Chiroque (DNI 09634225) Carlos Iván Degregori (DNI 07378576) Julio Del Valle (DNI 25439676) Javier Diez Canseco (DNI 06256182) P. Juan Dumont (C de E 103040 ) Elsa Fung (DNI 02655199) Carlos Gallardo (DNI07535594) Luz Gallo (DNI 02692114) P. Gastón Garatea (DNI 07278052) Marcela García Guerrero (DNI 07219703) Gloria Helfer (DNI 10143763) Liliam Hidalgo(DNI 08413139 ) Manuel Iguiñiz (DNI 08711365) Baldo Kresalja (DNI 08243510) Marta López de Castilla (DNI 07906842) Nicolás Lynch (DNI 10270250) Javier Malpartida (DNI 07197198) Nelson Manrique (DNI 07779676) Dubner Medina (DNI 05394617) Carmen Montero (DNI 08249287) Emilio H. Morillo (DNI 08705995) Rosa María Mujica (DNI 06985289 ) Fanny Muñoz (DNI 06409020) Edmundo Murrugarra (DNI 10144368) Maria Amelia Palacios (DNI 07938900) Luisa Pinto (DNI 07941216) Isabel Rivera (DNI 07376703) José Rivero (DNI 06449028) José Roullión (DNI 07746281) Patricia Salas (DNI 29279312) Miguel Saravia (DNI 0796633 ) Lucy Trapnell (DNI 05285897) Martín Vegas (DNI 08233580) Fernando Villarán (DNI 08260776) Susana Villarán (DNI 08051943) Verónica Villarán (DNI 09867635) Verónica Zavala (DNI 09339582) Madeleine Zúñiga (DNI 07950025)

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A dos cincuenta la hora


Fotografía © sordojr/ www.flickr.com

No había razón para perder el año. Todos en esa escuela lo sabían. En honor a la verdad, estas opciones estaban a disposición de los muchachos desde hacía varios años. Podía decirse que era parte de las tradiciones del colegio. Y los padres de familia no sólo lo sabían sino que hacían uso de ellas.

Carmen, por ejemplo, con traumáticas y continuas dificultades en el campo de las matemáticas, había solucionado su problema matriculándose en las clases de nivelación que su misma profesora de grado ofrecía a sus propios alumnos los días sábados por la mañana. Una mañana extra de clases cada semana por el resto del año, a sólo dos soles cincuenta la hora por estudiante, era suficiente para que todos los inscritos revirtieran sus bajas notas, no necesariamente sus dificultades de comprensión. Los únicos que mantenían su bajo record académico en el salón eran, coincidentemente, los no inscritos, lo que llevaba a la maestra a retar frecuentemente a sus padres a «hacer algo por sus hijos» matriculándolos en la nivelación sabatina.

El problema de Pamela en la secundaria era con la historia. Fechas o nombres de lugares y personajes siempre se le confundían a la hora del examen, pese a sus esfuerzos denodados por recordarlo todo. Pero Pamela sabía que cualquiera que estuviera en riesgo de repetir ese curso podía salvarlo en el último bimestre con un sencillo regalo de navidad. Sólo había que decírselo al profesor con elegancia. Algo así como mi mamá quiere agradecerle su dedicación con un modesto panetón y una botellita de champagne, para que celebre su navidad en compañía de su familia. Quién podría tomar a mal un gesto tan tierno.

La profesora de comunicación vendía productos de belleza, de esos que se ofrecen con catálogo y se venden al crédito, es decir, me lo pagas a fin de mes. No les será difícil imaginar quién era el público al que había convertido en su principal clientela. Acertaron. Las madres de familia del salón. Susana, a sus 13 años de edad, era la alumna más destacada en comunicación, con las más altas calificaciones a lo largo del año. Pero escuchen esto: la madre de José era de lejos la mejor clienta de la maestra, por la cantidad de productos que le compraba todos los meses. Susana lo sabía, por eso no le llamó la atención que a fin de año, José terminara primero en el cuadro de méritos, pese a tener un promedio bastante inferior a ella. No merezco este diploma, le dijo José desconcertado. No te preocupes le respondió la niña, déjalo así.

Francisco, de 9 años, cuenta que sus maestros hacen colectas frecuentes entre los padres para sacar fotocopias. El procedimiento es interesante: primero fotocopian el material y anuncian que su uso es obligatorio en clase, luego advierten que el niño que no paga no lo recibe, lo que significa que no podrá trabajar como sus demás compañeros. Así, el padre de familia sabe que no pagar tendrá malas consecuencias en el rendimiento de su hijo. Lo que no sabe es que estas colectas suelen dejar utilidades, pues la tarifa ha sido calculada para poder invertir en las fotocopias no más de la tercera parte de lo recaudado.

Todas estas historias son reales y la testimonian los niños en voz baja con una naturalidad espeluznante, siendo parte del paisaje de muchas escuelas. Esta es la institucionalidad enferma y oscura que la política educativa necesita transformar para que los aprendizajes dejen de ser una broma de mal gusto. Hasta pronto.

Publicado en Pluma y Oído
Coordinadora Nacional de Radio
Lima, 12 de febrero de 2009

5.2.09

Tierra de nadie


Fotografía © dayanqchi/ www.flickr.com

Todo empezó como una broma y terminó en un sorprendente golpe de suerte para toda la clase. Sandra había escuchado el consejo de una de sus amigas del cuarto año sobre el inminente examen de geografía y no lo podía creer. Le había dicho que lo tome con calma ya que el profesor preguntaba siempre lo mismo y, acto seguido, le había prestado su propio examen del año pasado, calificado con un luminoso veinte. Apréndete estas respuestas, le insistió, yo hice lo mismo con el examen de una amiga que había llevado antes el curso.


Sandra no tenía mucho que perder, pues el profesor, en verdad, no había hecho clases hasta ese momento del año. Se limitaba a pegar sobre la pizarra papeles de 75 x 105 cm. con una serie de nombres y definiciones escritos en plumón grueso, que luego los hacía copiar prolijamente en el cuaderno. Mientras tanto, se sentaba en su escritorio a leer el diario y a dormitar por ratos, cuando no se paraba en el umbral de la puerta del aula a conversar con su colega del salón contiguo. Esa rutina era invariable y, a decir de sus ex-alumnos de grados superiores, era la de todos los años.

Fue así como Sandra se animó a aceptar el consejo y a compartirlo con sus demás compañeros. Ese día, todos se dedicaron con empeño a memorizar las respuestas del examen del año pasado. A la mañana siguiente, los muchachos rindieron la prueba con enorme confianza e inusual velocidad. Pero lo mejor de todo fue el comentario del profesor al devolverles las pruebas corregidas, todas con veinte: los felicito chicos ¡Veo que han estudiado muy bien!

La historia de Sandra es real y ocurrió hace pocos años, no en una escuela situada en la cordillera alta, a tres días de camino de un pueblo de frontera, sino en un colegio público de Lima Metropolitana, bajo un currículo reformado orientado al desarrollo de capacidades, dotado de textos escolares actualizados y a cargo de maestros capacitados en el nuevo enfoque.

Testimonios como los de Sandra son realmente abrumadores y, además, bastante comentados en las conversaciones cotidianas de los muchachos y los padres de familia. Entonces ¿Por qué no son noticia en la prensa ni se convierten en un escándalo público? ¿Por qué no hay políticas ni mecanismos capaces de detectar y corregir estas situaciones de manera efectiva y oportuna? Bien vale la pena ensayar algunas explicaciones.

Para empezar, a muchachos como Sandra nunca se les pregunta nada acerca de la calidad del servicio que reciben en las escuelas y que, en sentido estricto, constituye la satisfacción de un derecho. Así, registrar su nivel de agrado y satisfacción con las experiencias que viven dentro y fuera del aula en el ejercicio de ese derecho no interesa a la autoridad ni es objeto de ninguna política. Además, muchas familias saben por experiencia que las escuelas son tierra de nadie y que sus quejas no sólo no tendrán eco sino que regresarán como un boomerang en contra de sus hijos. Entonces, prefieren callar.

Por otro lado, para este tipo de situaciones, pese a constituir una estafa institucionalizada, la sociedad adulta suele tener una gran tolerancia, pues son los niños quienes la padecen. Cualquier solución, sin embargo, tiene que pasar por darles más voz y mayor credibilidad a los estudiantes. Hasta pronto.

Publicado en Pluma y Oído
Coordinadora Nacional de Radio
Febrero 06 de 2009