26.8.09

La ruta hacia el aprendizaje ¿Caminito que el tiempo ha borrado?


Fotografía (c) luciasoliscarodos/ www.flickr.com

Según relata Homero en la Odisea, el rey Ulises pasó veinte años fuera de su reino: la mitad de ese tiempo en la guerra de Troya y la otra mitad en el largo viaje de retorno a Ítaca. Constantino Kavafis, uno de los más destacados poetas griegos del siglo XX, escribió un hermoso poema sobre el significado de ese largo, complicado, peligroso y, a la vez, fascinante, camino de Ulises hacia el destino anhelado, metáfora obligada de toda marcha emprendida por cualquier ser humano en dirección a sus deseos. «Cuando emprendas tu viaje a Ítaca -dice Kavafis- pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. No temas a los lestrigones ni a los cíclopes ni al colérico Poseidón, seres tales jamás hallarás en tu camino…», a menos, dice el poeta, «que los lleves dentro de tu alma».

Durante mucho tiempo pensé que la actitud opuesta a la adoptada por Ulises era la del que busca el camino corto, cómodo y fácil hacia sus metas, no importa a qué precio, para evitar lidiar con lotófagos o hechiceras de toda laya. Ahora creo más bien que lo contrario a los consejos de Kavafis no es buscarse atajos para eludir el esfuerzo del camino, sino más bien negarse a emprender camino alguno. «Ten siempre a Ítaca en tu mente –dice el poeta- llegar allí es tu destino». Pero es posible que la conciencia del destino o de la meta, pueda perderse aún antes de iniciar la marcha. Lo que implicará, en los hechos, no emprender ningún viaje.

Puede ser esto lo que ocurre en las escuelas cuando el lograr que los estudiantes aprendan de verdad, no representa una certeza y un propósito, sino sólo una posibilidad, una eventualidad que pareciera depender del azar más que del propio esfuerzo. Cuando un maestro inicia una clase sin conciencia de las metas que debiera alcanzar; o quizás sin convicción de poder lograrlas ni ilusión por intentarlo al menos, no pondrá empeño en sus actos. Es decir, se quedará parado al borde del camino. Los cíclopes y lestrigones que lleva en su alma pero que creerá ver en el alma de los niños, presumiéndolos incapacitados para aprender, lo harán renunciar a Ítaca antes de dar el primer paso hacia ella.

Augusto Monterroso contaba que en edades muy antiguas la fe movía montañas, pero sólo cuando era estrictamente necesario. Por eso los paisajes fueron los mismos por miles de años. Pero un día la fe se propagó y las multitudes se divertían moviendo montañas a cada rato. Cada día, entonces, el paisaje era distinto, lo que empezó a perturbar mucho a la gente y a inducirla a abandonar la fe. Desde entonces las montañas suelen permanecer en su lugar, dice el escritor guatemalteco, aunque el menor atisbo de fe todavía suele provocar derrumbes.

Ahora bien, la fe que empujó a Ulises hasta Ítaca ¿Era una fe ciega en su destino o en la omnipotencia de sus dioses? Creo que Ulises movió montañas gracias a la lúcida confianza en sus propias fuerzas, a las lecciones aprendidas de errores, excesos y extravíos, tanto como a la colaboración de muchos que quedaron en el camino. Pero también a su íntima certeza de que llegar a Ítaca o morir en el intento eran sus únicas alternativas válidas. Así, un maestro puede abandonar antiguos, rutinarios y estériles hábitos de enseñanza para emprender el trabajoso camino hacia aprendizajes que exijan pensar, si de verdad cree en sus estudiantes, si llega a descubrir sus propias posibilidades de lograrlo y, además, a confiar en ellas. También si puede espantar sus propios monstruos interiores, aquellos que lo invitan cada día a huir antes que a avanzar. «Mas no apresures nunca el viaje» dice Kavafis, para no perder nunca de vista la riqueza del camino.

Difundido por la Coordinadora Nacional de Radio (CNR)
Publicado en su portal web, sección Pluma y Oído
Lima, viernes 28 de agosto de 2009

20.8.09

La tía Olinda o el viejo arte del disimulo


Fotografía © DeLapicero/ www.flickr.com

La tía Olinda era de esas señoras que jamás le gustaba quedar mal ante ningún extraño. Se esforzaba mucho por lucir, ella misma y su pequeña casita ubicada en una antigua Quinta de Jesús María, tal como suponía les agradaría verlas a sus vecinos. Considerando su edad, podríamos decir que esto no tenía nada de raro. El problema es que la tía Olinda solía ser muy déspota con el personal que la ayudaba en la cocina y el lavado de ropa, reservándose toda la gentileza para sus ocasionales invitados. Su casa, dicho sea de paso, adolecía desde hace mucho de serios problemas de orden, limpieza y mantenimiento en todas sus áreas… excepto en la fachada exterior, la sala y el baño de visita.

Fue así como los hijos de Olinda crecieron en una cultura familiar que valoraba la apariencia mucho más que la realidad, habituándose a la simulación como una regla normal de vida. Dicho de otro modo, todos aprendieron de su mamá que cambiar la realidad y construir una distinta era mucho más exigente y complicado que fingirla, por lo que fueron alimentando la convicción de que disimular la verdad era, realmente, un camino mucho mas corto, económico y ventajoso hacia la aprobación o la admiración de la gente.

Ciertamente, las furias de la familia se descargaban sin piedad sobre cualquier primo, hermano, hijo o vecino que se atreviera a hablar de lo que estaba prohibido. Por ejemplo, de la indómita plaga de bichos en la cocina, de sus mayólicas cada año más sucias, del caño de la lavandería atorado desde hacía tres navidades, de las cortinas desvencijadas, rotas y polvorientas de los dormitorios cuyas ventanas no daban hacia la calle o de las toallas percudidas y malolientes con las que se bañaban a diario. Sólo por no mencionar el colchón duro e impresentable que tenía asignado la muchacha que les cocinaba y la falta de luz eléctrica, justo en su habitación. Quien osara romper el tabú la pagaría caro, y conocería el odio y la maledicencia sin límites de la tía Olinda.

Con los años, sus hijos se hicieron profesionales. Uno se hizo maestro, otra Contadora Pública Colegiada, llegando a ser por unos meses Ministra de Educación gracias a su antigua amistad con el jefe del partido que alguna vez ganó las elecciones. Entrenados espléndidamente por mamá en el arte de fabricar imágenes postizas de sí mismos, el profesor trataba a sus alumnos en la clase con negligencia, desprecio o indiferencia, pero era asombrosamente simpático y amable con sus padres. Por supuesto, podía ser implacable con aquellos que expresaran alguna crítica a su trabajo, demostrando una gran habilidad para poner en su contra al resto del comité de aula y para persuadirlos de que el hijo del susodicho era un mitómano desadaptado.

La hija de Olinda tampoco deslució la tradición familiar. En los meses que duró su ministerio hizo resonantes anuncios de medidas aparentemente reformadoras, pero ejecutadas de manera tan apresurada e improvisada que nunca lograban sus objetivos. Hacer las cosas en serio le hubiera sido tan trabajoso y complicado como lo fue para su madre hacerse cargo de las siempre postergadas transformaciones en la casa de su niñez. Más sencillo le fue simular, disimular y exagerar resultados, dado que el común de la gente jamás se atrevería a desmentirla. Por cierto, quienes sí lo hacían quedaban de inmediato expulsados del paraíso.

Ahora bien, la mala noticia es que la tía Olinda todavía goza de buena salud y, no quería revelarlo pero es preciso, tuvo una descendencia muy numerosa.



Difundido por la Coordinadora Nacional de Radio (CNR)
Publicado en su portal web en la sección Pluma y Oído
Lima, viernes 21 de agosto de 2009


12.8.09

Error, mentira y verdad en las políticas educativas


Fotografía (c) eduardo.cano/ www.flickr.com

A fines de la pasada década tuve el privilegio de escuchar a tres metros de distancia una lúcida explicación de Humberto Maturana, doctor en biología de la Universidad de Harvard y Premio Nacional de Ciencias de Chile, acerca de las sutiles pero importantes diferencias entre el error y la mentira. Cuando una persona se equivoca, dice Maturana, no percibe sus actos como error sino como verdad. No está en las posibilidades biológicas del ser humano distinguir el error sino hasta después de haberlo cometido. En cambio cuando miente actúa a sabiendas, es decir, está dando como válida una acción que sabe que no es válida, con la deliberada intención de confundirla con la verdad.

Lo recordaba a propósito de la recientemente difundida opinión de un respetable e ilustrado grupo de ciudadanos peruanos acerca del programa nacional de alfabetización, cuyos espectaculares logros en tiempo record –un millón de alfabetizados a través de programas de 133 horas pedagógicas- han llamado a justa sospecha. Más aún cuando la evaluación externa encargada a una entidad no especializada en el tema, como la oficina del Convenio Andrés Bello, no ha sido íntegramente divulgada y se desconocen tanto las premisas, condiciones y criterios de semejante medición, como el sustento técnico de sus procedimientos.

No obstante, el Presidente de la República ha dicho en su reciente mensaje a la nación que la erradicación del analfabetismo en el país «compromete su corazón y su vida», frase que en buen romance comunica a los funcionarios encargados de ejecutarlo que este programa no puede fracasar. O no puede parecer que fracasa.

«El tema de la verdad y la mentira como opción de un gobierno se repite a lo largo de la historia nuestra», afirma el citado pronunciamiento ciudadano y nos recuerda que «el uso del poder oficial para difundir supuestos logros e impactos ha sido frecuente» en la vida política nacional. Ahora ¿Por qué ocurre esto? ¿Es sólo un problema moral? Dos investigaciones sobre el funcionamiento del Estado a partir del caso de educación, publicadas hace poco por el Instituto de Estudios Peruanos, han llevado a Martín Tanaka, doctor en ciencia política de la FLACSO y destacado analista político, a reclamar más atención a lo que pasa adentro de la gigantesca ballena estatal para entender mejor su errático comportamiento externo.

Tanaka refiere, por ejemplo, el mal hábito de lanzar «políticas sin metas claras, sin indicadores y plazos que permitan evaluar el desempeño, basadas en supuestos no realistas, que nos llevan a problemas serios de diseño y gerencia». También señala el problema de los funcionarios públicos, que «enfrentan cada vez más exigencias, tienen cada vez más funciones y responsabilidades, pero sin mayores recursos, sin capacitación, y deben además poner en marcha políticas mal diseñadas. Ese hecho, dice Tanaka, los lleva a actuar simulando que cumplen «pero eludiendo en realidad el cumplimiento de las disposiciones que les llegan desde arriba».

Es decir, un noble deseo puede convertirse súbitamente y sin mayor reflexión en decisión política y, además, en compromiso público. Y aún cuando resulte impracticable en las condiciones humanas, organizativas y materiales realmente existentes en el aparato estatal, habrá una legión de servidores esforzadamente empeñados en construir un escenario lo más parecido posible a la verdad, para no desairar al gobernante ni hacerlo quedar mal ante la ciudadanía. Claro, podría ser que el gobernante, cegado por su optimismo, no lo sepa. ¿O sí?

Difundido por la Coordinadora Nacional de Radio (CNR)
Publicado en la Sección Pluma y Oído de su portal Web
Lima, 14 de agosto de 2009

7.8.09

¿Es posible educar sin transparencia y verdad?


Fotografía (c) regionica4/ www.flickr.com

Opinión sobre el Programa de Alfabetización del Perú publicado por un grupo de ciudadanos en el Blog Espacio Compartido

El tema de la verdad y la mentira como opción de un gobierno se repite a lo largo de la historia nuestra. El uso del poder oficial para difundir supuestos logros e impactos ha sido frecuente. Mas, ¿cuánto tiempo se pude mentir sin ser descubierto? En materia educativa la historia reciente nos recuerda la obsesión presidencial de Alberto Fujimori por hacer creer con abundante publicidad oficial que estábamos construyendo la mejor educación de América Latina. Ello fue desmentido por los muy pobres resultados peruanos en la primera evaluación comparada de la UNESCO; y la respuesta dictatorial fue prohibir a ese organismo internacional difundir los resultados peruanos, los que fueron dados a conocer recién en el gobierno democrático del Dr. Valentín Paniagua.

En el discurso del reciente 28 de julio el Presidente García confirmó que la educación no es tema prioritario para su gobierno, pues resumió los logros educativos en: avances evaluativos en la Carrera Pública Magisterial; recursos entregados a los directores de las instituciones educativas para el arreglo de aulas, servicios y mobiliarios; los costos de la capacitación docente y los espectaculares resultados en materia de alfabetización. A esto denominó “reforma educativa” en marcha, obviando los cambios sustantivos previstos en el Proyecto Educativo Nacional al 2021 (PEN), que él mismo oficializó y ahora ni mencionó. Ni una palabra de los desalentadores resultados de la evaluación censal del 2008 tomada a estudiantes del 2º y 4º grado en materia de comprensión de textos escritos y uso de números y operaciones en matemáticas, tampoco recogió las demandas de los gobiernos regionales para descentralizar el Programa Nacional de Formación y Capacitación Permanente (PRONAFCAP).

Los pobres presupuestos destinados a la educación tampoco fueron abordados en el mensaje a pesar de que el compendio mundial de la educación de UNESCO 2008, señala que el Perú estaría destinando a educación el 2,7% del PBI cifra que está por debajo del promedio de América Latina y el Caribe, que es del 4,6%.


¿UN MILLON DE ALFABETIZADOS?

El Presidente García presentó como principal logro educativo haber atendido a un millón 500 mil personas en su Programa Nacional de Movilización por la Alfabetización (PRONAMA), 280 mil de las cuales está en proceso y que una consultoría internacional del Convenio Andrés Bello (CAB) “ha comprobado que más de un millón están debidamente alfabetizadas y además adiestradas en operaciones matemáticas básicas y concluye que en el año 2011 el Perú podrá ser declarado territorio libre de analfabetismo”.

Ante críticas expuestas por varios educadores respecto a la debilidad del tema educativo en el discurso y al escepticismo que generan sus cifras de alfabetizados, el Presidente García respondió dando como principal argumento los resultados de dicha evaluación externa, difundidos únicamente a través de un Resumen Ejecutivo, base para nuestro análisis.

¿Qué se entiende por “alfabetizar” y por “persona alfabetizada” en la base de esta evaluación? Ni en los textos del PRONAMA ni en el resumen ejecutivo de esa evaluación divulgado por el CAB y el Ministerio de Educación se describen las competencias o capacidades de lectura y escritura que se aspira tengan los supuestos alfabetizados para ser declarados como tales. La duración del programa, cuatro hasta seis meses en casos de los quechua hablantes, no permitiría sino desarrollar sus capacidades mínimas, como las que se anotan en el Resumen Ejecutivo para la expresión escrita: “escribir su nombre, el lugar donde vive y las personas con quienes comparte”.

Tema aparte es la selección y el uso de las cifras que hace el gobierno de lo que se lee en el Resumen Ejecutivo. Según este serían 821 051 los alfabetizados, mientras que el mensaje presidencial hace referencia a un millón de alfabetizados y a un millón 500 mil personas atendidas. Aún sin saber el concepto de base, la muestra no da información desagregada que señale las características de esa población al iniciar y concluir el proceso; si la alfabetización de los quechua hablantes se hizo solo en quechua o si se llegó a cumplir con el objetivo inicial de hacerlo en quechua y castellano; si se aplicó la prueba de lectura y escritura en quechua a los alfabetizados en quechua. (En el Resumen Ejecutivo se especifica “aunque en el tratamiento a las lenguas no se observan resultados significativos”)

Dice el informe, en la Tabla 2, que el 63,5% de los que estuvieron en proceso el año 2007 alcanzan las competencias de alfabetización en la etapa de nivelación y repaso del primer grado del ciclo intermedio de la Educación Básica Alternativa (EBA). La llamada continuidad supone matricularse en algún Centro EBA. No existen datos sobre algún incremento de matrícula en este grado y otros de la EBA.

Las proyecciones que se hacen en las Tablas 2,3 y 4 de cumplimiento de metas al 2009 y tasas de analfabetismo al 2010 son utópicas si se toma en serio lo que también se lee en el Resumen Ejecutivo: "al analizar las metas de atención al año 2009 se puede observar una disminución de las atenciones en alfabetización ..." Se une a esto la larga lista de razones por las cuales los participantes abandonan el programa, entre las que está la falta de preparación de los facilitadores y la escasez de práctica de lectura y escritura, entre muchas otras.

SIETE DUDAS RAZONABLES

El análisis del documento difundido de los evaluadores del Convenio Andrés Bello genera otras serias y razonables dudas:

1 ¿Cuál fue el encargo específico de la misión? No da cuenta de los “términos de referencia” de la misión evaluadora. Es contradictorio y carente de un enfoque pedagógico desde la perspectiva de la educación de adultos y de una realidad diversa y heterogénea culturalmente como la nuestra.

2 ¿Cuál fue el enfoque de la evaluación? No contiene ni una palabra sobre el enfoque teórico-metodológico. Se limita a citar los "ejes transversales". No hay un propósito definido y operativizado, por ejemplo, del nexo entre alfabetización y trabajo y/o entre alfabetización y desarrollo de la identidad cultural Es paradójico que en el Resumen Ejecutivo se afirme: “Ni en los textos ni en las video clases se precisan orientaciones específicas para atender las necesidades de los diferentes contextos”. Esta afirmación revelaría serias limitaciones en el actual proceso alfabetizador, que debiera estar vinculado, precisamente, a contextos que enmarcan - para partir de ellas - experiencias personales y colectivas tanto desde el punto de vista geográfico, como socioeconómico, cultural y político.


3 ¿Cuántos se alfabetizaron realmente? Respecto a las cifras oficiales de alfabetizados hay ausencia en el documento de explicación técnicamente sustentada. Hubiese sido importante poder comprobar que luego de un año de aplicación del PRONAMA focalizando la acción en Ayacucho y Huancavelica y aplicando materiales en castellano a poblaciones mayoritariamente quechua hablantes se lograra la espectacular cifra de 600 mil alfabetizados, que luego se convirtieron en 800 mil para asumir más de un millón en el último mensaje presidencial, sin mediar explicaciones razonables. El número de alfabetizandos se basa en informes del mismo Ministerio de Educación, pues en el resumen ejecutivo, no aparece un trabajo de campo propio de la comisión evaluadora.


4 ¿Qué evidencias respaldan lo que se afirma? Es insuficiente aseverar que el Programa tiene una cobertura nacional y está presente en todas las regiones sin demostrar cómo se cumplieron las metas y el número real de alfabetizados ni lo hecho para evitar o enfrentar la deserción. No se precisan logros constatados con autonomía por la comisión del CAB. El documento se limita a afirmar: “Si bien es cierto que existe una comunicación fluida, no tiene la fluidez requerida, lo que limita las posibilidades con una información en tiempo real de las acciones y logros alcanzados por el Programa”
.

5 ¿Qué uso real se ha dado a los materiales? La evaluación no aborda el uso de recursos en el Programa, como la compra de cientos de televisores con DVD y de materiales audiovisuales. Tampoco se aborda la opción oficial por recolectar libros usados en vez de crear y producir materiales de lectura específicamente demandados por los recién alfabetizados.


6 ¿Quiénes, cómo y con qué hicieron la medición? Respecto a las encuestas citadas en el documento del CAB no se especifican: la línea de base, ni la forma como se definieron los instrumentos y la logística operada. Si bien en toda evaluación interviene la institución evaluada, el problema es conocer en este caso cómo intervino y si hubo límites en la intervención del PRONAMA. Cabe preguntar si el trabajo fue desarrollado por el equipo externo o fue en el propio Ministerio de Educación donde se realizara.


7 ¿Cuál es la validez de la estadística empleada? Sembrando más dudas sobre el manejo estadístico de la alfabetización, el CAB reconoce que -sobre analfabetismo- no hay estadísticas confiables y que debería realizarse un censo específico para subsanar esta limitación.


La evaluación de un programa prioritario para el gobierno como este debió estar a cargo de una institución que tuviera una amplia trayectoria y experiencia en el campo de la alfabetización para que sus resultados no generen dudas razonables que ponen en cuestión los logros y metas alcanzados por el PRONAMA, además de la idoneidad de la institución evaluadora. Hubiera sido deseable se concretaran anuncios del propio Presidente García de que la UNESCO o la OEI asumirían dicha evaluación. Ambas entidades declinaron hacerse cargo de esta tarea, sería pertinente conocer las razones de ello.

La alfabetización bien hecha y concebida como tarea de largo aliento donde el foco central es aprender a seguir aprendiendo hasta lograr por lo menos una buena educación básica, siempre será importante para el país. Más que una evaluación externa con los resultados anotados se requiere que entidades como el Ministerio de Economía y Finanzas o la Defensoría del Pueblo convocando a entidades especializadas de la sociedad civil, confronten con el PRONAMA el mejor uso de importantes recursos públicos con resultados tangibles demandando importantes rectificaciones en lo que resta el actual gobierno.

Más allá de las dudas que genera la evaluación realizada y la veracidad de las cifras, es claro que el gobierno no tiene una política educativa adecuada y pertinente para un país diverso y que los aportes del Proyecto Educativo Nacional se soslayan de acuerdo a la coyuntura. Con estas medias verdades es imposible aspirar que en el 2011 se supere el analfabetismo ni a sentar bases para una reforma educativa.

Lima, 8 de agosto de 2009

Julia Alba, DNI 10493379
Juan Ansion, CE 282009
Rosa Arizaga, DNI 06911968
Carlos Barriga Hernández, DNI 07961387
Susana Córdoba, DNI 06567587
Severo Cuba Marmanillo, DNI 07016616
María I. Curay, DNI 03594942
Alejandro Cussianovich, DNI 08800070
Sigfredo Chiroque, DNI 09634225
P. Juan Dumont, CE Nº 103040
Carlos Gallardo Gómez, DNI 07535594
P. Gastón Garatea, DNI 07278052
Rodolfo Gonzáles Wang, DNI 16448132
Baldimiro Guevara Gálvez, DNI 06726740
Gloria Helfer, DNI 10143763
Liliam Hidalgo, DNI 084413139
Jacinto Irala, DNI 06733482
Dina Kalinowski, DNI 08714312.
Martha López de Castilla, DNI 07906842
Josefa Lora Risco, DNI 08217607
Soledad Lozano Costa, DNI 18033058
Nicolás Lynch, DNI 10270250
Dúbner Medina, DNI 05394617
Zoila Minaya Ruiz, DNI 15611173
Emilio Morillo, DNI 08705995
Alberto Moya Obeso, DNI 17854880
Edmundo Murrugarra Florián, DNI: 10144268
Ludolfo Ojeda, DNI. 25301801
Ernesto Olano DNI 08076341
Tulio Ozejo, DNI 08266618
César Picón, DNI 06469724
José Rivero, DNI 06449028
Vanessa I.Rojas Pineda, DNI 41888443
José Rouillon, DNI 07746281
Miguel Saravia, DNI 07906633
Carmen Takayama Higa, DNI 32834435
Lucy Trapnell, DNI 05285897
Rosario Valdeavellano, DNI 23955311
Virginia Zavala Cisneros, DNI: 09339582
Madeleine Zúñiga, DNI 07950025

6.8.09

A más materiales escolares ¿más reforma?


Niños colombianos en Piloto de OLPC. Fotografía (c) mapisaro/ www.flickr.com

Cuando Gabriel García Márquez escribió prolijamente la historia de los Buendía, aquella familia que estuvo condenada a vivir cien años de soledad, no imaginó que la voluminosa edición de lujo de su novela, encuadernada con pasta dura y en formato grande, iba a ser utilizada por Ernesto como una eficiente tranca para la puerta de su dormitorio, la que por alguna extraña razón tendía a cerrarse sola. Sólo años después de recibir este valioso obsequio y por motivos bastante ajenos al libro mismo, le nacería un repentina curiosidad por empezar a leerlo. En realidad, bastante parecido suele ser el destino de las cosas que recibimos sin comprender su valor ni sentir la necesidad de su uso o cuando, peor aún, las percibimos como perturbaciones a las rutinas en las que estamos cómodamente instalados.

Recordaba esta anécdota a propósito del reciente mensaje a la nación del Presidente del Perú, cuando puso como prueba de la reforma educativa que cree estar emprendiendo, el haber apoyado a 35 mil maestros en la adquisición de laptops y entregado 292 mil computadoras a estudiantes de las escuelas rurales unidocentes, así como la existencia de 1,231 puntos de televisión educativa digital en el país, que en el 2010 serán 5 mil puntos, beneficiando a 100 mil docentes y un millón 800 mil estudiantes. Impresionante.

El problema es que desde 1997 se ha venido invirtiendo mucho dinero en dotar a las escuelas de textos, bibliotecas escolares y material didáctico, sin haber logrado reunir hasta hoy evidencia alguna sobre su impacto positivo en la enseñanza y los aprendizajes. Más bien, diversas investigaciones de GRADE o el Instituto de Estudios Peruanos confirman lo que diversos recorridos por las escuelas ya habían revelado: el material no se usa. Y los pocos que lo usan lo hacen mal, sólo en parte y de manera muy subordinada a las rutinas largamente institucionalizadas de dictado y copiado. Pese a saberlo, el material se sigue repartiendo ciegamente cada año.

Pues bien, el sistema de gestión que desde entonces hace un enorme esfuerzo por distribuir regularmente estos materiales a más de 30 mil escuelas, pero que en doce años no ha sabido cómo hacer para monitorear ni provocar su uso ni para evaluar sus resultados, sigue siendo el mismo. Es decir, continúa funcionando de manera autocentrada, burocrática y no ha sido objeto de reforma alguna ¿Qué garantía tenemos, entonces, de que la historia no se repetirá con las enésimas computadoras que se entregan ritualmente a las escuelas desde 1990?

Noel McGinn, profesor emérito de la Universidad de Harvard, decía que las reformas educativas en América Latina siembran ellas mismas la semilla de su propio fracaso, debido a su estrategia. Es decir, constituyen esfuerzos por reconfigurar su educación en función a objetivos trazados por sus Ministerios y que no se interesan en consensuar con nadie. Esta forma de decidir y planificar, dice McGinn, fue típica de la época de la industrialización y la centralización, pero hoy sólo consigue generar procesos ineficaces con los que no se compromete ni el propio funcionariado público. Menos los maestros.

Penosamente, para un sector del Estado concertar los propósitos y procedimientos de las políticas con docentes, familias y gobiernos regionales, para convertirlos ya no en operadores sino en agentes convencidos de la reforma, es retardatario. Mientras así piensen, los nuevos recursos tecnológicos anunciados por el Presidente correrán peor suerte aún que la admirable novela de García Márquez.

Difundido por la Coordinadora Nacional de Radio
Publicado en su sección Pluma y Oído
Lima, viernes 07 de agosto de 2009