12.2.08

¿Cómo se cambia un sistema educativo quebrándole ocho maneras de ser?


Fotografía © Willi Gamboa-Ayllu Galería Multimedia

Escena 1: Acobamba es el distrito de la provincia de Tarma, región Junín, sierra central del Perú, donde queda la Escuela 20533. César trabaja allí y aunque es un profesor que cumple siempre con sus obligaciones laborales, ni él ni ninguno de sus colegas sienten que puedan hacer algo por mejorar los pobres aprendizajes de sus estudiantes. Ellos creen en conciencia que hacen bien su trabajo y que si los alumnos no lo aprovechan, ya es cosa de ellos. Sus padres son generalmente campesinos iletrados que no saben cómo apoyarlos. Mala suerte, pero arreglar eso, piensa César, ya no está en sus manos. En verdad, ningún profesor de ese Centro Educativo espera mucho de sus estudiantes y creer lo contrario, dicen, es estar fuera de la realidad. César no piensa que el problema esté en la enseñanza pues con todos sus años de experiencia, siente que él hace lo que le toca, como siempre lo ha hecho, y que hacerlo mejor ya es hacer magia.

Regla uno: Tener un propósito moral que guíe los actos cotidianos de quienes prestan el servicio educativo, desde el profesor hasta el funcionario. Esto implica un compromiso incondicional con los aprendizajes de los estudiantes, preocupándose porque a nadie le falte lo que necesita para aprender bien, tener fe en sus posibilidades, tratarlos con respeto y, además, esforzarse cada uno por hacer su trabajo cada vez mejor.

Escena 2: En el distrito de Acobamba hay varias escuelas en las que se vienen ensayando algunas innovaciones, incluida la 20533. Unas tienen que ver con educación bilingüe, otras con educación productiva, otras con promoción de lectura, otras con cuidado ambiental, algunas promovidas por el Ministerio de Educación, otras por entidades no gubernamentales. Los profesores que participan de estos proyectos no pueden dejar de sentirse retados por sus enfoques novedosos en sus maneras habituales de enseñar. A varios les entusiasma, a otros menos. Pero es curioso, no hay tiempo de conversar sobre estas diferentes percepciones, ni entre ellos ni con colegas de otras escuelas del distrito. En parte porque cada proyecto tiene metas y plazos bastante precisos que no dejan margen para estos intercambios, en parte porque no hay costumbre entre los maestros de juntarse a conversar sobre su trabajo profesional. Ni siquiera los de una misma escuela. Lo que quiere decir que cada uno suele guardarse sus asombros, dudas y hallazgos para sí mismo.

Regla dos: Cambiar el contexto de aislamiento y abandono en que se mueven habitualmente los docentes, para que puedan encontrar en su entorno inmediato acogida, estímulo, acompañamiento. El contexto debe alentarlos a poner en práctica las nuevas ideas, a hablar de ellas sin temor, a aprender por ensayo-error, es decir, construir una cultura del riesgo. Esto significa multiplicar oportunidades de encuentro entre pares a nivel de escuela y distrito, para afirmarse en las nuevas creencias, como la prioridad de los estudiantes, y sentirse respaldados en sus esfuerzos de cambio.

Escena 3: Los profesores de las escuelas de Acobamba han venido asistiendo a cursos organizados por el Ministerio de Educación, para mejorar su dominio del lenguaje escrito y las matemáticas. Diversos catedráticos de la universidad regional han reforzado sus conocimientos en la materia y con tanto éxito que en la última prueba que rindieron mejoraron 20 puntos respecto de la que dieron al inicio. No obstante, a los maestros de este bello distrito tarmeño nadie les ha quitado de la cabeza la idea de que los niños de ese pueblo no dan para más y que esos profesores universitarios sabrán mucho de lingüística pero jamás pisaron un aula. A César se le venían todo el tiempo a la mente los rostros de Justina, Esteban, Rosa y Florencio, sus alumnos con mayores dificultades para leer y escribir. Con ellos lo había intentado todo sin ningún resultado. Hace año y medio se formó una red de maestros de Acobamba y en las pocas ocasiones que tuvo de intercambiar con otros colegas, César aprendió varias cosas útiles. Pero las reuniones se fueron espaciando y el tiempo fue ocupado por los funcionarios locales para leer directivas y hacer programaciones homogéneas por grado.

Regla tres: Enfatizar las oportunidades de aprender de manera lateral, es decir, entre maestros, creando y fortaleciendo redes, aumentando el número y la frecuencia de intercambios profesio­nales entre docentes de la misma localidad a través de diversos medios. Tales redes necesitan ser espacios de fomento, ensayo y difusión de nuevas prácticas, de evaluación de experiencias, de aprendizaje colectivo a partir del análisis crítico de la propia historia, tanto a nivel de escuela y distrito, como de provincia y región. Esto permite que las nuevas maneras de hacer las cosas no surjan como arbitrariedad sino como soluciones más eficaces a los problemas de cada día.

Escena 4: César y casi todos sus colegas de las escuelas del distrito participaron el año pasado de una evaluación censal donde examinaron sus conocimientos en dos áreas del currículo. El Ministerio de Educación quería comprobar qué tan competentes eran para enseñar lo básico. Los resultados no pudieron ser peores: el mayor nivel en comprensión de textos fue logrado sólo por un 24% y sólo el 2% logró alto rendimiento en razonamiento matemático. Las consecuencias de esta experiencia, sin embargo, fueron sólo dos cursos oficiales y una diatriba pública interminable. Más allá de eso, lo que César constata es que el tratamiento dado a estos resultados, lejos de ser útil para motivar una actitud de superación, ha servido para ridiculizar, atemorizar y desalentar. En sus ocho años de ejercicio de la docencia, César ha conocido en la provincia muchos colegas suyos que trabajan lo menos posible y con gran negligencia, pero cobran igual que él. Sabe, sin embargo, que son numerosos los maestros tarmeños que se esfuerzan, pero son víctimas de la deficiente formación profesional que recibieron en el mismo centro superior de estudios que ahora los capacita.

Regla cuatro: Practicar una rendición de cuentas horizontal, es decir, entre pares y orientada a mejorar, a superar los problemas, a aprender de la experiencia. Esto supone naturalmente generar una cultura de autoevaluación, motivando a los docentes de cada centro educativo a aprender a mirar como equipo su propio desempeño y siempre de manera objetiva, crítica y constante. La convivencia de esta forma de evaluación de la práctica con la que hace la autoridad de manera externa no suele ser sencilla, pero es clave para sostener los procesos de cambio.

Escena 5: En la Escuela 20533 de Acobamba se han hecho en el pasado reciente algunos ensayos innovadores en la enseñanza de la lectura y escritura, buscando mayor coherencia con lo prescrito por el currículo de educación básica. Laura, profesora de primer y segundo grado, se entusiasmó al ver a sus pequeños alumnos de 6 años escribiendo cartas y cuentos de su propia inspiración, sin tener que memorizar previamente el abecedario, ni armar sílabas, ni escribir dictados interminables de palabras sueltas. Pero había cinco niños que no avanzaban como el resto. César recuerda que Laura se lo contó preocupada y le pidió consejo. Yo le recomendé que les enseñe de la manera tradicional, dice César, pues la nueva metodología seguramente los confundió. En efecto, siguiendo los consejos de su colega, Laura canceló sus esfuerzos innovadores y regresó a la enseñanza silábica convencional, pero no sólo con estos niños sino con toda la clase. No voy a enseñar con dos métodos a la vez, dijo Laura y allí se acabó el experimento. En otras escuelas del distrito, a los profesores de los primeros grados les pasa cosas parecidas. Pero ellos no lo saben. De estos temas no se conversa.

Regla cinco: Aprovechar al máximo la propia experiencia, aprendiendo a producir y a utilizar información sobre ella. Esto implica aprender a construir explicaciones sobre los problemas que afrontamos basándonos en información antes que en supuestos. Vivimos en la cultura de la culpa y estamos más listos a atribuir a otros la causa de nuestros errores que a reflexionar sobre ellos para encontrar respuestas. Hay que habituarse a registrar datos de cantidad y calidad sobre la práctica, a compartirlos y a analizarlos sin prejuicio para aprender entre todos de manera colaborativa.

Escena 6: A todas las escuelas públicas de Tarma, pero también a las de Jauja, Yauli, Huancayo y demás provincias de Junín se les ha venido distribuyendo textos escolares y material educativo de buena calidad desde la década pasada. Además, todos los docentes de la región participaron en su momento en continuas jornadas oficiales de capacitación en función al uso del nuevo currículo, orientado al logro de capacidades y competencias. César recuerda, así mismo, haber participado en diversos talleres de diversificación curricular a nivel de su región y también en la ciudad de Lima. Últimamente se han involucrado en diversas actividades relacionadas al llamado «Plan Lector», muy publicitado por el Ministerio. A pesar de todo, en la última evaluación censal realizada a estudiantes de segundo grado de primaria, la región sacó un puntaje bajísimo. A César eso no le sorprende. Siempre escuchó decir a las autoridades que los cambios en educación sólo pueden verse a muy largo plazo. Él cree lo mismo. Que estamos sembrando para la próxima generación.

Regla seis: Dirigir los esfuerzos en obtener resultados tanto de corto como de largo plazo. Una cosa es no sacrificar la guerra por ganar pequeñas batallas y otra diferente es pensar que sólo interesan los objetivos de largo plazo. Los logros inmediatos importan pues ayudan a ganar la confianza de la gente, pero luchar por obtenerlos tampoco debe implicar retirar las manos de los otros procesos que se deben sostener por largo tiempo para atacar los problemas más estructurales.

Escena 7: Los profesores de la Escuela 20533 se fueron desencantando de varias de las innovaciones introducidas con el cambio curricular de fines de los 90 y con varias de las más recientes. Se les dijo que el trabajo en equipo era bueno, pero cuando arman grupos en el aula los niños hacen todo menos concentrarse en su tarea, hacen bulla, se demoran demasiado en terminar y por lo general llegan a conclusiones erróneas. Se les dijo que había que recuperar los saberes previos de los estudiantes antes de empezar una sesión, pero lo que dicen muchas veces son una sarta de banalidades que nada tienen que ver con la clase. Se les dijo que debían estimularlos a producir sus propios textos desde el primer grado porque así aprenderían mejor, pero sus textos con pésima caligrafía y llenos de fallas ortográficas los exasperan. Estos intentos fallidos han ido agotando a los docentes de esa escuela de Acobamba, disminuyendo la mucha o poca fe que les inspiraron desde el inicio los cambios demandados. Lo que significa que han terminado desalentándose mutuamente.

Regla siete: Recargar energías cíclicamente. La experiencia indica que los procesos también decaen porque la gente se cansa, pero que ese agotamiento tiene dos fuentes principales: una es la cultura censuradora, derrotista y escéptica, que exagera los errores, relativiza los logros y desalienta de manera sistemática cualquier intento por cambiar. Otra es la persistencia en una sola manera de hacer las cosas, sin pensar cuan pertinente es con las características de una etapa distinta. Su pérdida de eficacia suele no ser advertida y el fracaso afecta el ánimo de la gente. Se necesitan escuelas, equipos y redes de docentes que incorporen el hábito de investigar, experimentar, aprender y ensayar cada vez mejores soluciones a los problemas que enfrentan.

Escena 8: Parte del problema es que no tenemos en quién creer, dice César con cierta congoja. Una o dos personas que sepan lo que nos están pidiendo, con una visión clara del lugar a donde hay que llegar, interesados en nuestras dificultades para ponernos en ese camino, que nos den confianza y acompañen nuestros primeros pasos sin censurar los errores, ayudándonos más bien a ver con nuestros propios ojos dónde le acertamos y dónde no, que contagien entusiasmo y optimismo y que nos inviten a hacer lo mismo con otros colegas. En vez de eso, lo que tenemos es gente que llega por instantes a decirnos lo que tenemos que hacer en términos ideales, sin ubicarse en la realidad del aula en Acobamba y sin tiempo para quedarse a ayudarnos a pensar los problemas de cada día. No nos invitan a creer, sino a obedecer. No nos preparan para actuar, sólo nos piden tomar nota de lo que se debe hacer. Una vez que se van, sólo nos queda el Señor de Muruhuay.

Regla ocho: Formar líderes del cambio en todos los niveles de la organización. Se requieren líderes capaces de formar otros líderes, preparados para llegar más lejos. Líderes entrenados para pensar todo el tiempo en términos de sistema, es decir, con una mirada amplia sobre todos los procesos y componentes implicados en la solución de los problemas. Esto significa líderes no restringidos a las pequeñas parcelas en que desempeñan una función específica y, por lo tanto, aptos para influir en cambios en diversas instancias del sistema.

Michael Fullan, en base a la experiencia internacional de los últimos 40 años en materia de reformas, propone estas ocho reglas para lograr cambios sostenibles en los sistemas educativos: lograr que el trabajo de las personas esté animado por un objetivo moral, hacer que los contextos en que se mueve la gente refuerce las nuevas ideas, promover el desarrollo lateral de capacidades de los actores a través de redes, efectuar rendiciones de cuentas horizontales, aprender a aprender de la propia experiencia, comprometerse con resultados a corto y a largo plazo, recargar energías cíclicamente y formar líderes del cambio en todos los niveles del sistema. Fullan dice que estos ocho cambios van a empezar a transformar el sistema, pero necesitan empezarse en el espacio local, en la vida institucional de las escuelas y en la dinámica cotidiana de los docentes, en los espacios rutinarios del sistema a nivel de distrito, para extenderse después a la provincia y región.

Cada una de ellas es una semilla de cambio estructural, en la medida que contradicen frontalmente sendas «maneras de ser» del sistema, fuertemente instaladas en su cultura organizacional y que terminan socavando las políticas reformadoras que caen desde arriba. Pero las ocho reglas del cambio necesitan cumplirse todas, sostiene Fullan, para que el statu quo no termine restaurándose, con la sagacidad y persistencia con que el sistema ha sabido preservar su naturaleza por más de dos siglos en occidente, reduciendo cada intento aislado de cambio en una caricatura inofensiva de sí mismo. Si Fullan tiene razón, los procesos más estructurales de cambio del sistema educativo nacional bien podrían empezar en Acobamba. Digo empezar, sólo empezar. Pero no olvidar, como dicen los chinos, que el aleteo de una mariposa bien podría sentirse al otro lado del mundo.

Lima, 12 de febrero de 2008

1 comentario:

Carlos Angeles dijo...

Muchas gracias Lucho por tus análisis y por la forma siempre innovadora en que recreas los distitos escenarios de nuestra dolorosa realidad educativa.
Los Padres de Familia de la Red de APAFAS de la Casa Carlos Cueto Fernandini compartimos por e-mail todas tus producciones.